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domingo, 13 de octubre de 2013

¿Ha sobrevivido Nietzsche?



  
 Una vez, un hombre escribió una frase en un poema que insipiró una gran obra-en mi opinión-de Aldous Huxley, y el nombre del grupo de música "The Doors". Esta frase, de William Blake, rezaba así: "If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to man as it is: infinite."

   El mensaje caló hondo en mí, y en poco tiempo empecé a sentir la necesidad de investigar qué querría decir realmente esa frase.
Me pregunté por qué alguien tendría razones para creer que no vemos la realidad tal cual es. En ese caso no deberíamos llamarla realidad. ¿Entonces?
Aldous Huxley, en su libro “Las puertas de la percepción” juega con drogas de diseño para experimentar y ofrecer a su lector la experiencia de una percepción alternativa. Los resultados sorprenden.

   El tiempo y la percepción de las cosas siempre están presentes en nuestras vidas. Tenemos un ritmo de vida frenético, y muchas veces ni siquiera somos conscientes de ello.
Apenas nos paramos a pensar en las cosas. No dedicamos ni un instante a observar las cosas pequeñas. Como el conejo blanco de “Alice in Wonderland” corremos a todas partes con el tic-tac del segundero persiguiéndonos y acechándonos.
¿Estamos viviendo realmente?
Vivimos más en un hipotético futuro que nos empeñamos en tener presente a cada momento, lo que nos impide prestar atención a lo que realmente ocupa nuestro presente. Excepto cuando no nos gusta lo que puede preservarnos el futuro, en ese caso deseamos centrarnos en nuestra ocupación actual, deseando que el tiempo se detenga o pase más despacio, aunque inevitablemente siempre llega.
Parece que preferimos un futuro hecho de humo a un presente tangible, pero que ante lo malo es preferible vivir el momento.
Supongo que eso dice mucho de nosotros.


   ¿Estamos limitados a un tipo de visión menos amplia del universo? En ese aspecto puede que sea el orgullo el que nos impide ver más allá. ¿Es posible que seamos nosotros mismos los que nos impedimos el infinito?

   Mucha gente ha sido y sigue siendo tachada de “loca” cuando dice algo que va en contra de lo rígidamente establecido y aceptado por una mayoría. ¿Cuántos locos habrían podido cambiar el mundo si les hubiesen dejado? ¿Y cuántos podrían hacerlo ahora? Muchos.
En estos tiempos, con suerte, se les reconoce el dudoso mérito a su esfuerzo con un premio, pero nunca tendrá más valor que el poder del dinero.
Ya demostró Galileo, entre muchos otros, que la percepción de las cosas es subjetiva, pero no necesariamente cierta, tampoco errónea. La Tierra es redonda, mundo. No plana.
A veces nuestra percepción simplemente está infectada de aquellas basuras que nos hemos empeñado en crear para no sentirnos tan desgraciados ni tan solos: religión, ideologías…Nos encasillan, nos encierran en un molde rígido que será nuestra carta de presentación, para bien o para mal, ante todo el mundo. No hemos sido capaces de mantener una flexibilidad en nuestra mente. Las palabras se han impuesto a cualquier otra forma de expresión. Hemos llegado a un punto que el lenguaje a veces parece incapaz de transmitir lo que sentimos. Hablamos demasiado. Deberíamos hablar menos y dibujar más. El dibujo abre puertas a dimensiones paralelas a las que la palabra no puede llegar. ¿Por qué sino iban a fascinarnos tanto las obras artísticas? No es desconocido el efecto que el arte causa en personas cuya sensibilidad va más allá.
El síndrome de Stendhal, denominado así por el crítico de arte francés que le dio nombre, se define, en mi opinión en esta frase del mismo autor: "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
La filosofía no ha quedado obsoleta, simplemente ha sido apartada, ignorada. La palabra ya no vende. El impacto de un libro no es tan inmediato como el de una imagen. Tal vez deberíamos recuperarla.

   Posiblemente aquellas prácticas a las que fortuitamente hemos llamado “alternativas” realmente lo sean en cuanto a formas de percibir. Quizá los alternativos busquen otras formas de ver más allá de lo establecido. Lamentablemente lo alternativo está de moda, y ya no es tanto la flexibilidad de la mente como la de nuestro armario la que importa. Puede que después de todo hayamos hecho de la filosofía de Platón y de su mito de la caverna una moda sin ser conscientes de ello. Quizá sí que tenga alguna posibilidad de salvarse la filosofía.
Como dice Aldous Huxley todos deberíamos “ser arrancados de raíz de la percepción ordinaria y ver durante unas horas sin tiempo el mundo exterior e interior, no como aparece a un animal obsesionado por la supervivencia o a un ser humano obsesionado por palabras y nociones, sino como es percibido, directa e incondicionalmente, por la Inteligencia Libre, es una experiencia de inestimable valor para cualquiera y especialmente para el intelectual”.

   No deberíamos acusar a un drogadicto por serlo. Creo que deberíamos acusar a una masa homogénea que no deja lugar a la diferencia. Puede que el drogadicto haya descubierto realmente el modo de llegar más allá de lo que el resto somos incapaces de percibir. Puede que el drogadicto luche contra reloj para encontrar una salida a lo que nos asfixia. El tiempo pasa, se agota, y algunos individuos sienten la necesidad de experimentar. Experimentar lejos, experimentar más allá de las puertas de la percepción. No vamos a poder detener el tiempo, pero podemos intentar ampliar el horizonte de nuestra percepción en un intento de apreciarlo no como un castigo, sino como un regalo.

“En tiempos ordinarios, el ojo se dedica a problemas como ¿Dónde?, ¿A qué distancia?¿Cuál es la situación respecto a tal o cual cosa?En la experiencia de la mezcalina, las preguntas implícitas a las que el ojo responde son de otro orden. El lugar y la distancia dejan de tener mucho interés.La mente obtiene su percepción en función de intensidad de existencia, de profundidad de significado, de relaciones dentro de un sistema.Veía los libros, pero no estaba interesado en las posiciones que ocupaban en el espacio. Lo que advertía, lo que se grababa en mi mente, era que todos ellos brillaban con una luz viva y que la gloria era en algunos de ellos más manifiesta que en otros.En relación con esto la posición y las tres dimensiones quedaban al margen. Ello no significaba, desde luego, la abolición de la categoría del espacio.Cuando me levanté y caminé pude hacerlo con absoluta normalidad, sin equivocarme en cuanto al paradero de los objetos. El espacio seguía allí. Pero había perdido su predominio.La mente se interesaba primordialmente no en las medidas y las colocaciones, sino en el ser y el significado. Y junto a la indiferencia por el espacio, había una indiferencia igualmente completa por el tiempo. -Se diría que hay tiempo de sobra. –
Era todo lo que contestaba cuando el investigador me pedía que le dijera lo que yo sentía acerca del tiempo.” Aldous Huxley.

Missalalar.


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